Fantasmas y santos

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Pía, la amiga de Isabel que vive en Chile, siempre fue una fuerza poderosa. Me reuní con ella varias veces, y cada vez me sentí…intimidada, ¿quizás? No estoy segura de cómo describirlo. Quizá fue más un sentimiento de asombro, ya que Isabel me contó hace años que Pía puede ver fantasmas.

He aquí algunas historias de fantasmas que logré que Isabel me repitiese:

Mi abuela era una mujer loca-loca, y hermosa y maravillosa, que pasó su vida experimentando con lo paranormal. Por ejemplo, se entrenó a sí misma y a sus amigos, para usar telepatía en vez del teléfono. No siempre funcionaba, pero por lo menos lo intentaban. También tenían sesiones espiritistas. Así que crecí en una casa donde la idea de espíritus que visitaban era en cierta forma familiar. Entonces, cuando uso eso en mis libros la gente piensa que es una técnica literaria. O piensan que realmente veo fantasmas. Es algo diferente; es la idea de que estoy abierta a la posibilidad de otras dimensiones de la realidad, como diría mi abuela, y sé que alguna gente puede ver cosas extraordinarias. 

Pía+Isa

Isabel y Pía

Mi amiga Pía puede ver cuando alguien va a morir; lo presiente. Es una sensación muy fuerte que casi nunca falla, así que la asusta mucho. Siempre estamos en contacto y la adoro. Pía una vez me dijo que estaba muy preocupada por su marido, Gerardo. Dijo: “Está enloqueciendo, sabes, dice que de noche lo visitan unos africanos altos. Guerreros masái, dos de ellos, y un niño. El niño siempre se sienta en la mesita de noche. No sé de qué habla. No he visto a nadie así. Yo sólo veo a las señoras británicas que caminan a través de las paredes”. 

Pía vive en una casa de campo muy antigua con paredes muy gruesas y tiene una enorme colección de santos viejos y hermosos, de tamaño real, tallados en madera, con pelucas y ropa y ojos de vidrio; muy realistas y hermosos. Uno es San Antonio, y de acuerdo a todos, no sólo a Pía, San Antonio camina por la casa de noche. Y entonces tuvieron que encadenarlo a la pared. Entran a robar a todas las casas de los alrededores, pero nadie se atreve a meterse a la de Pía porque todos saben que hay un santo protegiéndola. 

Antonio

Una vez, Pía y mi madre vinieron de visita desde Chile, y las llevamos a una bodega en el valle de Napa como algo especial. El viaje en auto fue largo y para cuando llegamos al viñedo, lo único que queríamos era usar el baño. Este estaba ubicado en el segundo piso de la propiedad, pero Pía se negaba a subir las escaleras. Tampoco quería acercarse a la piscina. Mi madre y yo, que estábamos acostumbradas a las idiosincrasias de Pía, decidimos seguir adelante con el día. El propietario nos brindó el almuerzo, y procedió a contarnos la historia de cómo estaba poseído el lugar. De acuerdo al dueño, una mujer acechaba la bodega y caminaba por la propiedad todo el tiempo. A pesar de que Pía no habla nada de inglés, con mi ayuda, pudo entender un poco de la historia. Pía dijo que era una mujer joven con un vestido rosa que asolaba la propiedad, y el propietario dijo que sí, ¡que era ella! Había sido la hija del propietario anterior y se suicidó luego de que su hijo se ahogase en la piscina. Y entonces Pía, que no sabía nada sobre esta historia, había visto ambos fantasmas. Nos dijo que la mujer estaba parada en las escaleras y que por eso ella no subiría. En cuanto al niño, Pía lo vio afuera, cerca de la piscina. 

Santos de Pía

Así que, ¿existen? No sé. Quizá todo esté en nuestras mentes, pero la posibilidad es linda: que haya una conexión de alguna clase. Con frecuencia siento, de manera muy vívida, a mi hija. No la veo, pero siento su presencia. 

La foto de arriba es una que encontré de un San Antonio de madera que imagino es similar al que hay en la casa de Pía. Investigué brevemente la bodega en el valle de Napa, pero no pude encontrar ninguna historia sobre un niño que se haya ahogado o el suicidio de su madre. Existen varias bodegas que sostienen estar embrujadas, sin embargo, y algunas se vinculan a un suicidio en el lugar. Nunca se sabe. Me gusta escuchar estos cuentos, así como disfruto de leer de una buena historia de Ray Bradbury o hasta historias de Edith Wharton, quien escribió algunos cuentos de fantasmas que asustan mucho. Hmmmm, ¿quizás Isabel debería escribir una historia de fantasmas?

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