Aventuras con Isabel

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¡Tengo algo especial para ustedes hoy! Chandra Ramirez, la fabulosa asistente de Isabel, comparte su historia sobre ir a comprar cuentas con Isabel. Si digo que aprendió unas cuantas cosas ese día (tanto acerca de las cuentas como de Isabel) me quedo bastante corta.

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Además de ser escritora, Isabel es una consumada artesana haciendo joyas. La mesa de cuentas está armada en su casita al lado de la computadora. Cuando se traba escribiendo, con frecuencia cambia a enhebrar y trabaja con las manos creando hermosos collares y aros para sus amigas queridas y familiares hasta que su mente se relaja y encuentra el camino hacia la historia nuevamente. Es algo hermoso.

Con todo ese enhebrado aparece la necesidad de un suministro infinito de cuentas. La feria de gemas vino a la ciudad la semana pasada, y como neófita en todo el tema del enhebrado, pregunté si podía unirme. Isabel dijo que por supuesto, y que llevaría efectivo y que dividiríamos y conquistaríamos. También me dijo que usase zapatos cómodos. Lo que para Isabel significa un taco de 2 a 3 pulgadas con una tira en vez de tacos aguja de 4 pulgadas sin tiras. Aparecí en zapatillas a la hora y lugar señalados y me dio un tutorial muy corto sobre cuáles cuentas eran preferibles y cuáles no. También me entregó un muffin y un latte con fines de supervivencia. Estábamos en una misión.

Isabel señaló los colores y los precios de las diferentes cuentas, me entregó un rollo de efectivo, me dijo que no comprase cualquier cosa deprimente o fea y me mandó en camino. Enseguida gasté prácticamente todo lo que me dio, ya que esas cuentitas pueden ser caras, ¡especialmente las lindas no deprimentes! El enorme surtido de colores y estilos era abrumador, desde las cuentas baratas con caritas felices fluorescentes, que parecían de plástico, hasta las piezas maravillosas de coral blanco entero extraídas del mar. Había mesas y mesas de turquesa, amatista, vidrio, jade y ónix de todas las formas y matices.

Cuando encontré a Isabel un par de horas después (ella es difícil de hallar en una multitud), compartí ansiosamente mis compras con ella, buscando su aprobación con humildad.

“Estas están todas mal”, dijo. “Las formas no quedan planas”.

En defensa de Isabel, tenía razón. Parece que tengo una preferencia por las cuentas con forma de lágrima y ovaladas.

A pesar de que mis selecciones, gracias a Dios, no fueron deprimentes o feas, la mayoría fueron demasiado grandes o demasiado ovaladas para hacer buenos collares. Ahora tengo que aprender cómo enhebrar llaveros o marcadores de libros para que podamos darle un buen uso a esas preciosas cuentas.

Para finalizar el día, paramos en el proveedor que le suministra a Isabel los alhajeros para sus creaciones. Quería una caja grande de ellos y me ofrecí a llevar la caja hasta su auto. Isabel rápidamente exclamó que el vendedor podía llevarlas hasta el auto por mí ya que, anunció con fuerza: “Ella está muy embarazada”.

Yo no estoy embarazada y mucho menos, muy embarazada. Protesté, declarando mi estado de desembarazo. Me disparó una mirada y dijo, otra vez, para que todos la escuchen: “No le presten atención, está súper embarazada y dice cosas sin sentido”. A lo que el vendedor preguntó cómo queda una “súper embarazada”. Sin vacilar, Isabel proclamó que el súper embarazo es el resultado de dormir con más de un hombre. Con las mejillas en llamas (y todavía no embarazada, sin mencionar muy felizmente casada con sólo un hombre), agarré la caja mientras Isabel se distraía con otra gema brillante y la llevé al auto, sintiéndome ahora completa y adecuadamente iniciada en el mundo de comprar cuentas con Isabel.

—Chandra Ramirez

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